
septiembre 5
23 domingo ordinario
+ De la realidad:
Las historias de l@s migrantes siempre están llenas de dramatismo. Cuando platican las condiciones de pobreza -muchas veces de miseria- que dejaron en sus lugares de origen, y las dificultades que deben enfrentar en los trayectos a un lugar mejor, muchas veces arriesgando hasta la propia vida, su testimonio de dolor nos conmueve al máximo.
Pero hay un elemento positivo que no podemos desconocer, y es la gran valentía que demuestran al dejar familia y seres queridos para buscar mejores condiciones de vida. Este desprenderse de todo es un rasgo característico del(a) discípul@ de Jesucristo, que deja todo para irse con el Maestro, para emprender la aventura de lo desconocido, en búsqueda de la felicidad.
+ Primera lectura: Sabiduría 9,13-19
La oración, puesta en labios de Salomón, clásico ejemplo del soberano sabio, expresa en cuatro preguntas el clásico de conocer la voluntad de Dios y de seguirla. Las respuestas terrenas, basadas en el conocimiento meramente humano, no son suficientes. Es necesario acudir a la sabiduría divina, dejarlo todo para ser capaces de recibirla.
+ Segunda lectura: Filemón 9-10.12-17
Esta hermosa y no siempre bien comprendida carta ejemplifica la revolución social causada por Jesucristo. Onésimo ya no será más esclavo, sino hermano. Pero Pablo pide a Filemón que atienda a Onésimo seguro que no sólo le brindará lo que le pide, sino que hará todavía más por el amigo. La manifestación del amor cristiano no tiene límites.
+ Evangelio: Lucas 14,25-33
El texto parece demasiado fuerte, pues nos habla de odiar a lo más cercano -la familia, la vida-. Pero ese odio no significa desear el mal, sino posponer, colocar en segundo lugar, inclusive a los amores más legítimos e incondicionales. Y es que nada ni nadie puede competir con el seguimiento de Jesucristo.
Poner todo en segundo término es la condición indispensable para ser discípul@s de Jesucristo, y esa es la cruz que debemos cargar. No es la cruz de la resignación y de la fatalidad, sino la de la renuncia y el sacrificio en aras del seguimiento, del caminar por el camino que recorrió Jesucristo.
+ Pistas doctrinales para la acción:
“Para configurarse verdaderamente con el Maestro, es necesario asumir la centralidad del Mandamiento del amor, que El quiso llamar suyo y nuevo… Este amor, con la medida de Jesús, de total don de sí, además de ser el distintivo de cada cristiano, no puede dejar de ser la característica de su Iglesia, comunidad discípula de Cristo…” (Aparecida, #138).
“Identificarse con Jesucristo es también compartir su destino… El cristiano corre la misma suerte del Señor, incluso hasta la cruz: ‘Si alguno quiere venir detrás de mí… que cargue con su cruz y me siga’ [Mc 8,34]. Nos alienta el testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta con su vida…” (Aparecida #140).
+ Preguntas para el diálogo:
1) ¿He dejado todo -pero, en verdad, todo- para ser un(a) buen(a) discípul@ de Jesucristo?
2) ¿A qué o a quiénes me siento más apegad@, con más dificultades para desprenderme?