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Viernes 30 de Julio de 2010
Christus
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saramagoJosé Saramago (II)

Entre las propuestas polémicas que presenta José de Sousa Saramago en su obra El Evangelio según Jesucristo (Ed. Punto de Lectura, 2006), podríamos considerar un aspecto de sus cavilaciones acerca de Dios.

En efecto, en este libro, la imagen del padre celestial de Jesucristo es la de un ser inconforme con reinar únicamente sobre el pueblo judío, por lo que se encuentra poseído por la ambición de extender su dominio sobre más pueblos. Cuando Jesucristo le pregunta en qué puede ayudarle, Dios le responde: «A ampliar mi influencia para ser dios de mucha más gente (…) pasaré de dios de los hebreos a dios de los que llamamos católicos, a la griega». Pero, para lograr este propósito resulta indispensable la muerte del hijo como «mártir», como «víctima», porque «es lo mejor para difundir una creencia y enfervorizar una fe», alega el Señor (pág. 407).

Estas concepciones pueden sonar a pura blasfemia. Y es posible que lo sean.

Pero más allá de estas primeras reacciones, habría que preguntarse si no es la forma como las mismas iglesias cristianas- hablando en términos generales- han comprendido su misión en este mundo lo que se encuentra detrás de estas reacciones catalizadas por Saramago. Enfoquémonos por el momento a la Iglesia católica. ¿No se ha puesto como meta lograr que todos los pueblos se conviertan en seguidores de su credo y de sus preceptos morales, pasando por encima de otras denominaciones? ¿No ha invocado para ello una inferioridad salvífica –digamos así- de las demás iglesias, religiones y creencias? Basta con escuchar las siguientes palabras de la encíclica Dominus Jesus (2000): «El Concilio Vaticano II, en efecto, afirmó que ‘la única mediación del Redentor no excluye, sino suscita en sus criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única’. Se debe profundizar el contenido de esta mediación participada, siempre bajo la norma del principio de la única mediación de Cristo: ‘Aun cuando no se excluyan mediaciones parciales, de cualquier tipo y orden, éstas sin embargo cobran significado y valor únicamente por la mediación de Cristo y no pueden ser entendidas como paralelas y complementarias’. No obstante, serían contrarias a la fe cristiana y católica aquellas propuestas de solución que contemplen una acción salvífica de Dios fuera de la única mediación de Cristo».

¿Este tipo de afirmaciones no explica las ironías sobre la imagen de Dios proyectada por la Iglesia católica, que exterioriza, en este caso, José Saramago?